Seductores que escuchan

                                                     

“Vanidad, sin duda mi pecado favorito”

Al Pacino (Pactar con el Diablo)

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devils_advocate

La soberbia es considerado el original y más serio de los 7 pecados capitales, de hecho, es la principal fuente de la que derivan los otros 6 (avaricia, lujuria, gula, pereza, envidia e ira). Pocos asociamos la soberbia a la vanidad, quizá porque la propia palabra en castellano, suena rítmica, suave y sugerente. Sin embargo la soberbia no es más que la vanidad exagerada.

A la hora de plantearnos crear o desarrollar una marca (personal o no) es clave aparcar este aspecto de nuestra personalidad, algo que en mayor o menor medida todos poseemos.

¿Cuál es el elemento que falta?

Como tantas cosas en la vida, vanidad y soberbia tienen una tercera pata, algo que supone la raíz de ambas: el ego cuya base no es necesariamente negativa, ya que el ego permite a las personas satisfacer sus necesidades vinculadas a los parámetros sociales. El ego es el reconocimiento del “Yo esencial”, pero es su distorsión lo que siembra la semilla que a veces, hace crecer la vanidad y su hipérbole: la soberbia.

Si cuando nos escuchan significa que existimos, cuando escuchamos seducimos. Este aspecto es importante ya que las personas o marcas cuyo ego aflora con facilidad, resultan poco seductoras. La lealtad incondicional la generan las personas y las marcas que han conseguido controlar, limitar y debilitar su ego.

Podemos estar orgullosos de nuestros logros, de nuestros hijos o de lo que nuestra colaboración supone a la sociedad; pero no podemos convertir nuestras acciones en un examen de reconocimiento.

 

¿Eres una persona Yo-yo?

Si queremos seducir como marcas, es importante hablar menos, escuchar más y responder de modo que mostremos que hemos escuchado.

Pensemos como receptores. Todos conocemos personas que “respiran todo el aire cuando entran en una habitación”, personas que toman el control de cada conversación. Estas personas se convierte en “Yo-yo´s” y tienden a comenzar cada frase con ese sujeto: “Yo he hecho…”, “Yo he conseguido…” y el más terrible “Yo también…” este último para quitar protagonismo a determinadas exposiciones de otras personas.  No importa el tema a tratar, su discurso es condescendiente, vanidoso y en ocasiones, soberbio.

Si volvemos al mundo de las marcas, vemos que el riesgo que asume una empresa (o persona) cuya política se basa en explicar todo lo que hace, en vez de en todo lo que sus clientes y/o la sociedad esperan que hagan, es muy elevado. Es el eterno debate de lo que queremos contar y lo que a la gente le interesa escuchar.

yO-YO

¿Cómo domar al ego?

De entre todas las posibles acciones que nos permiten domar nuestro ego, hay una básica que únicamente requiere de un poco de atención, algo que con el tiempo podemos llegar a automatizar:

Piensa cual es la finalidad de lo que vas a decir

Pongamos un ejemplo. Un amigo nos está contando que ha conseguido un aumento de sueldo en su trabajo, está ilusionado con ello, nos explica la estrategia que ha utilizado para seducir a su jefe y convencerle. Casualidades de la vida, hace un mes nosotros también hemos conseguido un aumento de sueldo. Nuestra mente, guiada por nuestro ego, deja de escuchar porque quiere contestar. Se siente en una posición desigual frente a nuestro amigo, ese es el momento de darnos cuenta de la finalidad de lo que vamos a decir. Si nos paramos a pensar, nosotros tuvimos nuestro momento, y la finalidad de contarlo únicamente se basa en revivir un poco de esa “gloria” a costa de quitársela a esa persona. Piensa que ocurre al contrario ¿Cómo te sentirías? Nos convertimos en “marcas” más potentes si escuchamos, si nos conseguimos desapegar de la exposición de nuestro amigo, para prestarle toda nuestra atención.

 

Pensar cual es la finalidad de lo que vamos a decir

Este vídeo del maestro Zen Thic Nhat Hanh, resume de manera brillante estos conceptos, espero que lo disfrutéis.

Un abrazo y feliz lunes!!

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Thich Nhat Hanh

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4 respuestas a “Seductores que escuchan

  1. Estoy de acuerdo contigo Enrique, pero en una sociedad que cada vez exige mas competitividad y premia a los que compiten incluso con acciones desleales, no puedes negar que es cada vez mas complejo eliminar la sobreexposicion y no necesariamente por ego, sino que de no hacerlo, no captas la atencion de los demás. Lamentablemente, he aprendido que exponerse en ciertas situaciones no está mal, sino que resulta indispensable. El problema como tú dices radica en el origen de tu exposición, si lo haces solo por ego, entonces sí, se lo llama pecado.

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    • Muchas gracias por tu comentario Rossana. Desde mi punto de vista la clave es el enfoque, puedes vivir en el mundo que te ha tocado, o tratar de cambiarlo. La necesidad de reconocimiento es a menudo, una manera de ser controlado por los demás. En cualquier caso no soy partidario de las soluciones “absolutistas” por lo que puede que lo que comentas sea igualmente válido en momentos concretos. Una vez más, muchas gracias por leer mi blog y comentar.

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